Eres mi proyección hecha carne,
el reflejo donde encuentro mis heridas.
El
mismo verso escrito dos veces,
el eco de un gemido que tuvo que ahogarse.
el eco de un gemido que tuvo que ahogarse.
Nos parecemos tanto que a veces dudo
de si te deseo o si solo intento salvarme en tu piel.
Nos amamos con la urgencia de quien sabe que el mundo se acaba,
con las manos llenas de fuego y la boca de relámpagos.
Nos rompemos en cada abrazo,
porque duele más soltarnos
que quedarnos con las astillas del otro.
Hicimos casa en el pecho,
pero las paredes son de papel
y basta una palabra mal dicha para quemarnos vivos.
¿Qué hacemos con esta tormenta?
Si nos quedamos, nos arrastra.
Pero si huimos, sé que el huracán
nos seguirá a donde vayamos.
Las peleas nos muerden los labios
antes que los besos,
pero nosotros volvemos a la cama cada noche,
como quien regresa a la orilla
después de casi ahogarse.
después de casi ahogarse.