miércoles, 6 de marzo de 2024

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Eres mi proyección hecha carne,
el reflejo donde encuentro mis heridas.
El mismo verso escrito dos veces,
el eco de un gemido que tuvo que ahogarse.

Nos parecemos tanto que a veces dudo
de si te deseo o si solo intento salvarme en tu piel.
Nos amamos con la urgencia de quien sabe que el mundo se acaba,
con las manos llenas de fuego y la boca de relámpagos.

Nos rompemos en cada abrazo,
porque duele más soltarnos
que quedarnos con las astillas del otro.

Hicimos casa en el pecho,
pero las paredes son de papel
y basta una palabra mal dicha para quemarnos vivos.

¿Qué hacemos con esta tormenta?
Si nos quedamos, nos arrastra.
Pero si huimos, sé que el huracán
nos seguirá a donde vayamos.

Las peleas nos muerden los labios
antes que los besos,
pero nosotros volvemos a la cama cada noche,
como quien regresa a la orilla
después de casi ahogarse.