como si en cada gesto hubiera una nueva órbita,
Y cuando bailas, el mundo gira bajo tus pies,
se pliega y se desdobla,
se hace aire y vértigo solo para verte flotar.
Podrías caminar sin rostro y aun así,
los espejos guardarían reflejos tuyos
aunque nunca te hubieras asomado a ellos.
quizá otros nombres se enredaron en mis letras,
pero tú mereces la obra completa.
tormentas y atardeceres dibujados en la piel,
y en los ojos—
heridas de otras batallas, cicatrices que no piden tregua
y aún así miran con la calma de quien sobrevivió.
como tinta derramada sobre el destino.
No te domestica la rutina, ni te atan las promesas.
Aprendiste a arder sin quemarte,
y a ser la tempestad que nadie puede contener
pero todos quieren ver de cerca.
Y te juro que solo por no ponerte incómoda,
no le pongo tu nombre a este poema.