Ojalá el amor se olvide pronto de nosotros,
como yo intento olvidar
el eco de tus gemidos en mi cama,
o las grietas que dejaron tus embestidas.
No sé si deba olvidarte
o aprender a olvidarme de mí en el proceso.
Espero un día dejar de sonreír
cuando escuche tu nombre en canciones,
o cuando vea la marca de galletas que amabas.
Espero que mi memoria no me obligue a recordar
que nunca estuve allí
cuando tu sabor de helado favorito cambió.
Aquella noche me lloraste tanto
que me echaste de ti.
Ahora soy un fantasma en tu almohada,
un verso perdido en el fondo de un café frío,
un olvido que aún no sabe cómo olvidarse.
Lo que sí creo haber olvidado
es el nombre de tu gata,
pero no la forma en que te brillaban los ojos
cuando la acariciabas.
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